Aunque suene sencillo, elegir una música para una pieza audiovisual tiene más complicaciones de las que parece. Normalmente son un cliente, agencia y un realizador los que marcan qué estilo musical buscan para la pieza (evidentemente, adaptada al producto/target/género…, si se trata de una pieza publicitaria).

La gran pregunta que nos haremos será esta: ¿componer o comprar? En función de su respuesta, tendremos unas cosas a favor y otras en contra.

COMPOSICIÓN MUSICAL.

Dentro del mundo musical hay muchas opciones. Se puede recurrir a un músico para componer un tema original y exclusivo para esa pieza. El músico en cuestión te pedirá alguna referencia: “¿qué buscas? ¿hay algo parecido que te motive? ¿estilo? ¿ritmo? Si no tienes respuesta a estas preguntas, estarás complicando muchísimo su vida y comenzando un proyecto que podría ser interminable (seguro que si estás abierto de mente te puede dar ideas geniales). Si lo tienes claro, y el presupuesto te lo permite, es la opción más recomendable. Ser único es muy importante en un mundo en el que queremos destacar por encima de nuestra competencia, y que la música de tus piezas esté hecha a medida para tu marca garantiza un ritmo visual mucho más rico y adaptado. Además, si te lo curras, puedes hacer que tu canción se convierta en un HIT (o una melodía de móvil), es decir, podrás explotarla como marca y será un producto promocional más que reforzará tu imagen. Incluso podrías convertirte, gracias a la música, en un símbolo de una época del año.

COMPRAR MÚSICA.

Si decides comprar puedes hacer tres cosas: comprar caviar, huevas de lumpo o pan rallado. Algo que se resume de esta manera:

1. Comprar un HIT que exista y usarlo como tu banda sonora.

2. Comprar derechos de una canción que exista y adaptarla (normalmente también de un HIT).

3. Recurrir a la compra de músicas producidas, las mal llamadas de “librería” (sería más lógico llamarlas de discoteca, ¿no?).

Si te decides por la primera, tendrás que luchar con la compra de derechos: discográfica, autor… Los precios serán variables, en función del artista, su sello su explotación (local, nacional, internacional) o el tipo de campaña. Lo bueno es que estás comprando algo que sabes que funciona (al menos en el mundo musical), ya está producido y sabes cómo suena. Es decir, el éxito musical nadie te lo va a poner en duda. Aunque tampoco te garantiza nadie que otros anunciantes usen el mismo tema

Si te decides por hacer un cover de un pelotazo, deberás de nuevo comprar derechos para poder realizar la versión. Una vez los obtengas, te tendrás que meter en el mundo de la producción musical (volvemos a buscar músico) y producir el tema a tu gusto ajustándote a las condiciones de los derechos adquiridos. Siempre corres el riesgo de que las versiones sean de poca calidad y el público, al compararlo con la original, sufra un “mal de oído”, algo peligroso para tu marca.

Si vas a tirar de librerías, el mundo se simplifica (o eso dicen los que jamás han buceado en una librería de verdad). Puedes acceder a millones de canciones producidas para ser usadas a nivel audiovisual. Los precios variarán, en función de su explotación y las diferentes empresas que hay en el mercado. Eso sí, la búsqueda no será fácil. Tendrás que tener claras las primeras cuatro preguntas que te hizo el músico cuando ibas a componer: ¿qué buscas? ¿hay algo parecido que te motive? ¿estilo? ¿ritmo? Si no hay respuesta, te puedes volver loco navegando sin destino por cientos de playlists sin conexión entre sí. Además, tu selección hará que tu pieza se pueda parecer a otras “sin querer”. Últimamente vemos mucho spot usando las mismas canciones de librería.

Hagas lo que hagas, es vital que esta fase de la producción se cuide muchísimo. Destinar presupuesto y esfuerzo a la música parece lógico, pero frases como “búscame una música sin derechos”, “algo de librería” o “tengo un primo que tiene un Casio PT-20…” se están poniendo peligrosamente de moda.

Nuestras recomendaciones:

1. Si tienes pasta y tiempo, innova componiendo algo nuevo y disfruta el proceso, podría llevarte al éxito.

2. Si no tienes tiempo o tu cliente quiere ese tema de “U2”, cómpralo y  súbete al carro del éxito ajeno diciendo que la has elegido tú. O apuesta por un artista nuevo (si es amigo te lo agradecerá) y ponle de moda, muchas canciones no existen hasta que salen en la tele…

3. Si, por desgracia, tienes que tirar de librerías, aprende a usarlas y no pienses que cualquier canción vale para cualquier baile. Imagina cómo sonaría Paquito el Chocolatero en el Concierto de Año Nuevo.

Share